Artículo de Daniel Rabanaque para economiasolidaria.org

El modelo económico de la Economía Social y Solidaria (ESS), basado en la solidaridad, la cooperación y la participación democrática, está creciendo y expandiéndose en todo el mundo. Solo en Europa, el actual Plan de Acción Europeo para la Economía Social  cifra en más de 2.800.000 la entidades de Economía Social existentes. Ya en 2017, la Declaración de Madrid para el impulso de la Economía Social en la Unión Europea indicaba que la ESS aportaba al menos el 8% del PIB comunitario y daba empleo a cerca de 14,5 millones de personas. En 2021, el “Itinerario de transición sobre proximidad y economía social” cifraba la aportación de la ESS al 10% del PIB en algunos Estados de la Unión y en el 6,3%, llegando al 9% en algunos países, el peso medio de la fuerza de trabajo (equivalente 5,5 millones de trabajos a jornada completa):

La Economía Solidaria, que centra la actividad económica en la satisfacción de las necesidades humanas, el desarrollo sostenible y la justicia social, está cumpliendo un papel de especial importancia en los países en desarrollo, en los que favorece la reducción de la pobreza y mejora la calidad de vida de las comunidades locales a través de la propiedad colectiva o comunitaria, la gestión participativa y la redistribución equitativa de los beneficios.

Como alternativa al modelo económico dominante, la ESS ha ido ampliando su alcance en todo el mundo durante los últimos años y obteniendo, cada vez más, el reconocimiento de fuerza importante en la economía hacia una transformación social que permita sociedades más sostenibles, justas y equitativas. Al situar como objetivo de la actividad económica el bienestar de las personas y el planeta por encima de la acumulación de beneficios privados, la Economía Solidaria se ha convertido en una garantía de empleo estable y de calidad, de participación democrática en la empresa y de compromiso con el entorno medioambiental y social.

Además de las formas de organización ya tradicionales, como cooperativas, empresas sociales, asociaciones sin fines de lucro y empresas comunitarias, el ecosistema de la ESS se ha ampliado a incubadoras de empresas sociales, fondos de inversión ética o redes de cooperativas y empresas de inserción o agrupaciones de productoras y distribuidoras con origen en economías populares, feministas y comunidades indígenas.

De esta forma, la Economía Solidaria abarca cada vez más sectores y se extiende desde la agricultura y la pesca hasta las finanzas o la comercialización de energías renovables. Hay que destacar también que cada vez más organismos internacionales y gobiernos estatales o locales están reconociendo su importancia para alcanzar objetivos de desarrollo sostenible, erradicación de la pobreza o democratización de la economía al aportar salarios justos, condiciones de trabajo decentes y oportunidades de capacitación y desarrollo para las personas trabajadoras. En este sentido, han sido de especial importancia los impulsos a la ESS desde la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Unión Europea.

En este sentido y según la Organización Internacional del Trabajo (en “El trabajo decente y la Economía Social y Solidaria”, 2022), en los últimos 20 años se han desarrollado legislaciones nacionales en materia de ESS en Bolivia, Cabo Verde, Camerún, Colombia, Costa Rica, Djibouti, Ecuador, Eslovaquia, España, Francia, Grecia, Honduras, Luxemburgo, México, Portugal, Rumania, Senegal, Túnez, Uruguay y Venezuela. Otros países, como Brasil, Corea del Sur, República Dominicana y Sudáfrica, están preparando políticas nacionales en materia de ESS. Algunos países, como Argentina (Entre Ríos, Mendoza y Río Negro), Bélgica (Bruselas y Valonia), Brasil (Minas Gerais, entre otras), Canadá (Quebec) e Italia (Emilia Romagna, entre otras) han adoptado legislación sobre la ESS a nivel subnacional. En muchos países, como Chile, Malí y Nicaragua, se han establecido por ley autoridades gubernamentales en materia de ESS.

En España, el Plan Estratégico para la Recuperación y Transición Económica (PERTE) de los Cuidados y la Economía Social (mayo de 2022) y el esfuerzo por contar con una nueva ley de Economía Social son ejemplos de la apuesta política por la implantación y promoción de esta alternativa económica de carácter tranformador.

En las últimas décadas, el creciente reconocimiento de la ESS ha supuesto consolidaciones y avances en todo el mundo, especialmente en Latinoamérica, Europa y África. Repasamos en detalle esta expansión de la Economía Solidaria en el mundo prestando atención a diferentes ámbitos geográficos:

Latinoamérica

Según un informe del Observatorio Latinoamericano de la Economía Social y Solidaria, en 2019 había más de 1,6 millones de empresas y organizaciones de la ESS en la región, que empleaban a más de 13 millones de personas. La América Latina es una de las regiones donde la ESS ha tenido una mayor expansión y consolidación. En varios países de la región, la ESS tiene una larga tradición y cuenta con un importante número de organizaciones y redes. En países como Brasil, Argentina, Chile, México, Uruguay, Ecuador y Bolivia, la ESS ha sido reconocida como una política pública y se han desarrollado marcos legales y programas de apoyo para su fortalecimiento. La legislación vigente a fecha de febrero de 2023 en materia de ESS para los países latinoamericanos se puede consultar en Los marcos normativos de la Economía Social y Solidaria vigentes en América Latina de Alberto García Muller (CIRIEC Colombia).

Entre los avances más destacados en la región se encuentran el fortalecimiento de las cooperativas de trabajo, la promoción de las empresas sociales, el impulso de los fondos de financiamiento solidario y el desarrollo de redes de cooperación y apoyo mutuo enraizadas en economías populares, informales o feministas. También se han realizado esfuerzos para visibilizar y fortalecer la ESS en los espacios políticos y sociales.

África

En el continente africano, la Economía Solidaria obtiene cada vez más reconocimiento y apoyo por parte de gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y comunidades locales. Actualmente, existen 22 redes para la promoción de la ESS en el continente (GSEF, 2023). Países como Cabo Verde (2016), Camerun y Djibouti (2019), Túnez (2020) y Senegal (2021), han desarrollado políticas públicas y marcos legales para la promoción y fortalecimiento de la ESS (ídem). Se han creado redes y plataformas de apoyo a la ESS y se han impulsado proyectos y programas en áreas como la agricultura sostenible, la energía renovable, el turismo comunitario y la inclusión social y laboral. Además, se está dando un creciente interés en el desarrollo de monedas y sistemas financieros solidarios, como las monedas sociales y los bancos comunitarios, que promueven la solidaridad, la cooperación y la inclusión financiera de comunidades y sectores marginales.

En un ámbito más cercano, la región norte de África ha ido reconociendo la ESS con políticas públicas y el desarrollo de marcos legales y programas de apoyo para su consolidación. Túnez, Marruecos o Argelia han impulsado la creación de redes y plataformas de apoyo a la ESS, la promoción de las cooperativas de trabajo y las empresas sociales, y el desarrollo de proyectos de agricultura sostenible y turismo comunitario. También se han creado fondos de financiamiento solidario y programas de capacitación y asistencia técnica para el fortalecimiento de la ESS.

Además, la 6a edición del Foro Global de la Economía Social, GSEF2023 Dakar, tendrá lugar del 1 al 6 de mayo de 2023 en Dakar (Senegal). El evento, uno de los principales eventos internacionales sobre ESS, está coorganizado por la Ciudad de Dakar y la Red de Actores y Autoridades locales para la Economía Social y Solidaria (RACTES), en colaboración con el Ministerio de Microfinanzas y la ESS de Senegal.

Asia

Otro territorio en el que la ESS está ganando cada vez más relevancia es Asia, especialmente en países como Japón, India, China y, por encima de todos, Corea del Sur. En Japón, por ejemplo, se ha desarrollado un fuerte movimiento cooperativo y se han creado numerosas cooperativas de consumo, de trabajo y de vivienda. En India, se está impulsando una creciente red de empresas sociales y se trabaja en el desarrollo de programas y políticas públicas para la promoción y fortalecimiento de la ESS. Y en China, se está dando un interés creciente en el desarrollo de sistemas económicos más justos y sostenibles, lo que está llevando a la promoción de la ESS en áreas como la agricultura, la energía renovable y la inclusión social y laboral.

En Corea del Sur, los avances de las últimas décadas se han producido especialmente en el ámbito de las cooperativas de trabajo y las empresas sociales. En este país, se ha desarrollado un marco legal favorable para la creación y consolidación de organizaciones de la ESS y se han creado programas de capacitación, asistencia técnica y de financiación para su fortalecimiento.

La Organización Internacional del Trabajo está desarrollando el programa “Strengthening the Social and Solidarity Economy in Asia” cuyos resultados aportarán mejores datos sobre el estado de la ESS en el conteniente. La acción de la OIT se centra en China, Indonesia, Japón, Malasia, Filipinas y Corea del Sur, y se está ampliando a Camboya, Kirgizistán, Laos, Mongolia, Tailandia y Vietnam.

Oceanía

Según recoge RIPESS, la presencia de la Economía Solidaria en Oceania se reduce a Australia, donde la New Economy Network Australia (NENA), creada en 2017, agrupa a 354 organizaciones. Su reunión anual tendrá lugar en Canberra durante el mes de noviembre.

Europa

En Europa, la Economía Solidaria se ha convertido en una fuerza importante en la economía de muchos países. Según el informe del Consejo Económico y Social de Europa, en 2020 había más de 2,8 millones de empresas y organizaciones de la ESS en Europa, que generaban ingresos anuales de alrededor de 2 billones de euros y empleaban a más de 14 millones de personas.

La ESS tiene una larga trayectoria en este continente y, especialmente durante y después de la pandemia de COVID-19, ha recibido importantes impulsos. En varios países de la región, la ESS ha sido firmemente reconocida como una alternativa resiliente, estable y democratizadora. Se han impulsado importantes redes y plataformas de apoyo y cooperación entre organizaciones de la ESS a través de políticas públicas y marcos legales o programas de apoyo para su consolidación.

Entre los avances europeos más destacados de la última década, se encuentran el fortalecimiento de las cooperativas, la promoción de las empresas sociales y el impulso de los fondos de financiamiento solidario. También se han desarrollado proyectos de economía circular, energías renovables y turismo sostenible, y se han mejorado los marcos legales y políticas públicas para la promoción de la ESS desde los ámbitos local y regional.

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