Prefacio

Como voz de la Economía Social y Solidaria (ESS) en Europa, RIPESS Europa presenta este documento estratégico como un marco político compartido para debatir con las iniciativas y redes de ESS en diversos contextos nacionales y regionales. Nuestro objetivo es reafirmar el potencial transformador de la ESS al tiempo que reforzamos una visión común para el cambio sistémico basado en la solidaridad, la democracia, la transición ecológica y la justicia social.

La transformación, sin embargo, no puede considerarse un concepto abstracto. El potencial transformador de la ESS está situado histórica y socialmente: evoluciona en relación con las condiciones sociopolíticas concretas, las relaciones de poder y las luchas colectivas. La ESS existe dentro de la sociedad, modelada por momentos de crisis, resistencia y posibilidades, oportunidades y amenazas. Su fortaleza radica precisamente en su capacidad para adaptarse, responder y reorganizarse ante realidades cambiantes, sin perder de vista sus valores fundacionales.

A lo largo de su historia, la Economía Social y Solidaria ha emergido como una respuesta popular y colectiva a las presiones sociales, económicas y ecológicas. Ha funcionado como un espacio de defensa cuando las comunidades se enfrentan a políticas excluyentes, procesos de desposesión o políticas de austeridad, y como respuesta a las graves consecuencias sociales y ecológicas de la acumulación de capital impulsada por la economía de mercado. Al mismo tiempo, la ESS siempre ha tenido una dimensión emancipadora: cuestionando las condiciones producidas por una economía puramente mercantilista y abriendo espacios para el control democrático, la cooperación y el cuidado colectivo.

Para que este papel transformador siga teniendo sentido, la ESS no debe perder sus raíces populares. Es prioritario mantenerse estrechamente vinculada a la acción social, a los movimientos de base y a las luchas por la justicia protagonizadas y dirigidas por las personas que más se ven afectadas por la desigualdad, la explotación y la degradación medioambiental. Históricamente, la ESS se ha situado del lado de la mayoría y no de una minoría privilegiada, priorizando los intereses colectivos, el apoyo mutuo y la solidaridad frente la maximización del beneficio.

Mantener la cuestión social en el centro requiere una cosa más: ir más allá del tratamiento de los síntomas. La ESS exige identificar las causas estructurales más profundas de las crisis sociales y ecológicas, cuestionar las instituciones y las estructuras de poder que reproducen la opresión y enfrentarse a las normas que rigen nuestros sistemas económicos. La ambición transformadora de la ESS reside no sólo en crear alternativas económicas dentro del marco existente, sino en trabajar activamente para transformar ese marco, reformando las normas, las instituciones y los procesos de toma de decisiones en favor de la justicia social, la participación democrática y la sostenibilidad ecológica.

Este documento de posición es intencionadamente abierto y en construcción permanente. Más que pretender ser exhaustivo o prescriptivo, invita al debate, a la reflexión y a la reimaginación colectiva. Ofrece una orientación política para nuestra diversa red europea- una orientación que puede ser adaptada, cuestionada y enriquecida a través de territorios, movimientos y prácticas, a medida que navegamos colectivamente por los rápidos cambios que configuran nuestro mundo.

Capítulos

Introducción: Del Movimiento Altermundista al Presente – Un Cambio de Época

La Economía Social y Solidaria (ESS) surgió del movimiento altermundista, de un impulso de iniciativas de base orientadas a crear crear soluciones desde abajo ante los efectos perjudiciales del neoliberalismo, la desregulación y el deterioro de las economías locales y la democracia. Rápidamente, se convirtió en un espacio para construir alternativas reales: cooperativas, redes de comercio justo, organizaciones comunitarias, monedas locales, iniciativas de soberanía alimentaria, cooperativas de vivienda, empresas sociales y muchas otras iniciativas.

A través de las protestas contra la OMC, la resistencia a las instituciones financieras internacionales y los espacios participativos del Foro Social Mundial, la ESS contribuyó a impulsar una cultura de autoorganización económica, de democracia directa en los lugares de trabajo y de solidaridad transnacional, así como el desarrollo de circuitos comerciales transfronterizos alternativos. Defendió un enfoque de la globalización neoliberal centrado en las personas y lo local, cuestionando el dominio de las empresas multinacionales y los mercados globales que invadían nuestras vidas, nuestras ciudades, la naturaleza y nuestra imaginación. tion.

En la actualidad, las entidades que forman parte de Ripess Europa, creen firmemente que el contexto ha cambiado drásticamente. La globalización neoliberal, que en su momento parecía incontenible, compite ahora con el auge del neoliberalismo nacionalista, el proteccionismo, las guerras comerciales y las nuevas formas de poder estatal y corporativo. Las guerras, el debilitamiento de las instituciones internacionales y la inseguridad generalizada han cambiado el escenario. Las corporaciones multinacionales y las instituciones globales siguen configurando nuestro mundo, pero su influencia opera ahora con frecuencia a través del control directo de las instituciones políticas. La «paz» ya no es un requisito previo para su prosperidad; en su lugar, persiguen esferas de influencia como si estuviéramos de nuevo en el siglo XX.

Una Nueva Realidad Geopolítica: De la Hegemonía del Mercado al Retorno de la Política del Poder

A principios de los años 2000, el debate público giraba en torno a la globalización económica, las crisis financieras y la hegemonía de instituciones internacionales como el FMI, la OMC y el Banco Mundial. En este entorno, la Economía Social y Solidaria tomó forma como respuesta, como movimiento que ofrecía alternativas democráticas, de base comunitaria y sostenibles a los fracasos del capitalismo global.

En la actualidad, los debates públicos y políticos están cada vez más determinados por tensiones políticas y geopolíticas, en los que las luchas de poder, las esferas de influencia y los relatos de seguridad eclipsan las preocupaciones puramente económicas. Los actores estatales operan ahora en un paisaje global militarizado y fragmentado, dando prioridad a los intereses nacionales y buscando nuevas formas de dominación, lo que refuerza el sistema capitalista heteropatriarcal y las formas autoritarias de poder. Este giro ha impulsado el proteccionismo, las agendas nacionalistas y un regreso a las políticas basadas en la imposición por la fuerza.

En este contexto, el papel transformador de la ESS también debe evolucionar. Dado que el poder se ejerce cada vez más a través de la fuerza, el populismo y la concentración tecnológica, ya no es suficiente con que la ESS se posicione principalmente como una alternativa económica. Tras las grandes crisis de la deuda soberana en el sur de Europa, muchas redes de ESS se han centrado, comprensiblemente, en la supervivencia económica y la sostenibilidad organizativa. Sin embargo, este cambio ha ido acompañado, a menudo, de un debilitamiento relativo del discurso político y de la imaginación colectiva, en comparación con el periodo de intensa movilización y politización entre 2010 y 2015.

En este contexto, la ESS y los movimientos aliados se enfrentan a un reto estratégico: ¿cómo hablar de democracia, sostenibilidad y soberanía alimentaria cuando el debate político se articula principalmente en torno a la seguridad nacional y las nociones excluyentes de «soberanía»? Responder a este reto requiere, no sólo la coordinación entre redes, sino también el desarrollo de nuevos conceptos, un lenguaje compartido y espacios de convergencia -como encuentros sectoriales y procesos colectivos- que puedan involucrar a grupos sociales más amplios, especialmente a las generaciones más jóvenes, y reconectar la imaginación política con la experiencia vivida.

Repolitizar la ESS: Construir Poder Colectivo y Autonomía

Europa, entre otros muchos problemas, se enfrenta también a una crisis de representación política. Muchas personas se sienten desconectadas de las instituciones democráticas, no representadas y desilusionadas con los procesos políticos que parecen distantes o controlados por las élites. Esto genera un vacío que históricamente ha permitido florecer a los populismos autoritarios, erosionando la confianza y socavando la legitimidad de la esfera pública.

La ESS podría ofrecer una respuesta práctica cuando está enraizada en la democracia de la vida cotidiana, a través de estructuras autogestionadas, toma de decisiones cooperativas y asambleas comunitarias. La ESS demuestra que es posible una participación significativa. Estas prácticas tienen la capacidad de repolitizar la vida cotidiana, mantener distancia de las teorías de la conspiración, y mostrar que la democracia no se limita a los momentos electorales, sino que es algo que puede construirse y ejercerse colectivamente.

Aunque que las instituciones estatales pueden volverse cada vez más tecnocráticas, inaccesibles y estar en manos del capital, los espacios locales y regionales de participación siguen siendo cruciales. Los presupuestos participativos, la contratación cooperativa y las asambleas ciudadanas son puntos de entrada concretos en los que la ESS puede actuar tanto como socia y como catalizadora, ayudando a desarrollar las capacidades democráticas desde la base, en lugar de depender de una legitimidad impuesta desde arriba.

Para muchas personas, especialmente para las generaciones jóvenes que se enfrentan a la precariedad laboral, a la inseguridad de la vivienda y a un futuro incierto, la ESS podría ofrecer algo más que apoyo político. Puede crear vías materiales hacia la autonomía y la supervivencia colectiva. Al crear cooperativas de energía, alimentación y cuidados, las comunidades reducen la dependencia de los mercados volátiles y de las autoridades externas, al tiempo que recuperan el control sobre las infraestructuras esenciales. Estos enfoques se alejan de la dependencia de las subvenciones y de las respuestas de emergencia, para acercarse a sistemas duraderos y gobernados colectivamente.

 

El Fundamento de la Economía Social y Solidaria: Derechos Humanos y Universalidad

La ESS está enraizada a la protección y la expansión de la vida. Sus prácticas emergen de necesidades sociales concretas y del deseo de organizar las economías en torno a la dignidad, el bienestar y la responsabilidad colectiva. Por esta razón, los derechos humanos no son externos a la ESS como economía humana, sino que están integrados en su propia finalidad y en sus prácticas cotidianas.

En toda Europa, miles de iniciativas contribuyen al desarrollo local, refuerzan los vínculos sociales, apoyan la producción local y fomentan la resiliencia frente a las crisis económicas, ecológicas y sociales. Estos esfuerzos responden a necesidades reales y urgentes: la erosión de los servicios públicos, la concentración del poder económico, el debilitamiento de las protecciones sociales y la creciente inseguridad que sufren muchas comunidades. Cuando se basan en la solidaridad y la participación democrática, estas prácticas amplían la capacidad de las personas para configurar colectivamente las condiciones de sus vidas. Al mismo tiempo, el entorno político más amplio en el que opera la ESS está marcado por la reducción del espacio cívico, la profundización de las desigualdades y el aumento de la presión sobre los derechos fundamentales. El acceso a la vivienda, la atención sanitaria, los cuidados, la alimentación, la movilidad y el trabajo digno es cada vez más desigual, mientras que las fronteras se endurecen y las divisiones sociales se intensifican. Estas dinámicas nos recuerdan que las alternativas económicas no pueden permanecer neutrales respecto a los derechos y la pertenencia.

En este periodo concreto, la universalidad debe ser nuestra brújula política. El derecho a vivir con dignidad, a participar en la vida colectiva y a acceder a bienes y servicios esenciales no puede estar condicionado por la nacionalidad, la situación jurídica, el género, la raza, la edad o el origen. Las prácticas de la ESS adquieren su significado transformador cuando contribuyen a ampliar los derechos en lugar de restringirlos, y cuando fortalecen formas inclusivas de pertenencia. Esta perspectiva es especialmente importante cuando se trabaja con conceptos como el desarrollo local, la resiliencia comunitaria, la soberanía alimentaria y la autonomía. Estos enfoques sólo siguen siendo emancipadores cuando están explícitamente relacionados con la igualdad, la apertura y la justicia social para todas las personas. Desligados de un marco basado en los derechos, corren el riesgo de reproducir exclusiones y jerarquías en lugar de superarlas.

Los derechos humanos también ofrecen un marco para entender el poder y la responsabilidad. La erosión de los derechos humanos y sociales está estrechamente relacionada con la austeridad, la precariedad laboral, el autoritarismo y la concentración de la riqueza y del poder de decisión. En este contexto, las iniciativas de la ESS pueden generar infraestructuras materiales mediante las cuales los derechos se ejerzan y se materialicen desde abajo.

Construir economías inclusivas y plurales significa enfrentarse a las desigualdades y a las relaciones de poder dentro de nuestras propias organizaciones y redes, incluidas las vinculadas al género, la raza, la clase, el estatus migratorio y la capacidad. La universalidad es una práctica colectiva continua que exige la rendición de cuentas, la redistribución del poder y la centralización de las experiencias vividas.

Al enraizar las economías locales, los bienes comunes y las infraestructuras colectivas en una perspectiva de derechos humanos, la Economía Social y Solidaria afirma una visión de la sociedad basada en la apertura y no en la exclusión, en la cooperación y no en la competencia, y en la libertad y la solidaridad y no en el control. Esta orientación permite que la ESS siga siendo un espacio de imaginación democrática y de transformación material, capaz de responder al miedo y a la fragmentación sin reproducirlos.

En este sentido, los derechos humanos no son un pilar más de la estrategia de la ESS, sino el fundamento sobre el que se asie-ntan todas las demás prioridades: los cuidados, la transición ecoló-gica, la soberanía alimentaria, la participación democrática y la auto-nomía colectiva. Proporcionan el horizonte que garantiza que estas prácticas sigan siendo emanci-padoras y universales.

 

El internacionalismo de los pueblos. Aprendizaje, resistencia y creación más allá de los Estados

Sobre la base de lo anterior, nuestro movimiento ha extraído históricamente su fuerza de la cooperación internacional. Hoy en día, esta tradición debe renovarse, no sólo mediante la diplomacia institucional o los acuerdos formales, sino principalmente a través de relaciones directas y horizontales entre comunidades, cooperativas y movimientos sociales.

Este nuevo internacionalismo no consiste sólo en apoyar las luchas en otros lugares, sino en aprender de ellas. Requiere reconocer las asimetrías de poder, recursos, movilidad y visibilidad entre los actores, especialmente entre Europa y las regiones afectadas por la guerra, la ocupación, las sanciones o el autoritarismo electo.

Sin negar la centralidad de las luchas laborales, este internacionalismo va más allá de una única identidad definitoria y abraza las múltiples realidades interseccionales a través de las cuales las personas experimentan la desposesión. Conecta a quienes se ven afectadas por las fronteras, los mercados, el patriarcado, los legados coloniales, la destrucción ecológica y la gobernanza autoritaria, en torno a una búsqueda compartida de autonomía, dignidad, cuidados, control democrático sobre las condiciones de vida y una visión de la sociedad basada en los bienes comunes. En este marco, la cooperación entre movimientos y cooperativas de Palestina, Cuba, Siria, Europa y el Sur Global, EEUU se convierte en un espacio de aprendizaje político mutuo. Los intercambios de productos, prácticas y conocimientos no son actos de caridad, sino momentos de co-creación que fortalecen las capacidades colectivas de supervivencia, resistencia e imaginación más allá de las lógicas estatales y de mercado.

Este internacionalismo centrado en los pueblos desafía la polarización geopolítica de las superpotencias globales construyendo comunidades translocales arraigadas en el cuidado, la responsabilidad ecológica y las prácticas democráticas compartidas.

 

Recuperar la cultura colectiva: la solidaridad como respuesta al miedo y a la fragmentación

Uno de los desafios más profundos de nuestro tiempo no es sólo económico o político, sino cultural. El capitalismo neoliberal ha desmantelado sistemáticamente los espacios compartidos, ha debilitado las identidades colectivas y ha sustituido los vínculos sociales por la competencia y la responsabilidad individual. Al mismo tiempo, los Estados instrumentalizan cada vez más la cultura a través de narrativas nacionalistas, tratando de homogeneizar la sociedad promoviendo formas de pertenencia basadas en el miedo y definidas por la exclusión.

Esto crea un vacío cultural. En este vacío irrumpen proyectos autoritarios y nacionalistas que prometen protección, identidad y sentido, al tiempo que despojan a la solidaridad de su contenido emancipador. Valores como el cuidado, la ayuda mutua, la cooperación y la comunidad, antaño arraigados en la vida colectiva cotidiana, han sido mercantilizados o bien distorsionados para convertirlos en instrumentos de control.

La ESS ofrece un horizonte cultural diferente, en el que la cultura colectiva no se proclama, sino que se produce. Los ecosistemas de innovación de la ESS generan significados, hábitos y valores compartidos a través de la experiencia vivida: trabajando juntas, decidiendo juntas y cuidando juntas. Aquí la cultura no es un patrimonio que haya que proteger ni una narrativa impuesta desde arriba, sino una capacidad colectiva que emerge de la práctica común.

Por tanto, reivindicar la cultura colectiva significa recuperar valores que el capitalismo se ha apropiado y vaciado de contenido, la solidaridad, la dignidad, la reciprocidad, el cuidado, y volver a incorporarlos a las prácticas materiales. Este proceso desafía directamente tanto la fragmentación neoliberal como la homogeneización nacionalista, ofreciendo formas de pertenencia que son plurales, abiertas y arraigadas en la cooperación y la libertad, y no en la exclusión.

Para que la ESS desempeñe este papel, debe ir más allá de servir sólo a las personas que ya están convencidas. Debe convertirse en una fuente de protección, dignidad y poder colectivo para quienes están más expuestas a la inseguridad, el aislamiento y el miedo, incluidas las personas que viven en territorios marcados por el desempleo, el abandono social y la creciente influencia de la extrema derecha. La solidaridad, en este sentido, no es simplemente un valor; es una infraestructura compartida de supervivencia y empoderamiento.

Pero esto también significa reconocer que la cuestión de clase no puede abordarse únicamente a través de narrativas. Está incorporada en las estructuras de nuestras iniciativas: en quién decide, cómo se organiza el trabajo y cómo se distribuye el valor. Para que la ESS siga siendo creíble como proyecto transformador, debe fortalecer la gobernanza democrática, unas condiciones de trabajo justas y un control real por parte de las personas trabajadoras y las comunidades.

Al arraigarse en las realidades cotidianas de las personas trabajadoras y las comunidades más vulnerables, la ESS puede convertirse en algo más que una economía alternativa. Puede ser un espacio en el que las comunidades organicen respuestas colectivas a la inseguridad y la exclusión, al tiempo que construyen alianzas capaces de abrir vías para una transformación social más amplia.

La economía política feminista y la reproducción social de la vida

El trabajo de cuidados constituye la base de la vida cotidiana y del bienestar de la comunidad. A medida que se desmantelan los servicios públicos y el peso de garantizar la subsistencia se traslada progresivamente a las familias y hogares, los cuidados se han convertido en un terreno central de la lucha política. La mercantilización y la invisibilidad del trabajo de cuidados, sobre todo en lo que afecta a las mujeres, las personas migradas, las comunidades racializadas y las personas trabajadoras de la economía informal, no son efectos secundarios involuntarios, sino resultados sistémicos de un modelo económico que externaliza los costes de la reproducción social.

El cuidado debería reconocerse como un derecho universal, multidimensional y colectivo, así como una práctica intergeneracional que mantiene la vida a lo largo del tiempo. Conecta a las generaciones, las comunidades y los grupos sociales, y tiene dimensiones éticas, relacionales y filosóficas que van más allá de la valoración económica. La evolución hacia una sociedad justa y sostenible requiere una organización social de los cuidados basada en el reparto de responsabilidades. Garantizar este derecho depende de que se redistribuyan las responsabilidades en materia de cuidados en toda la sociedad, incluyendo las instituciones públicas, las redes comunitarias y los hogares.

Un objetivo político clave del enfoque feminista es la desfeminización de los cuidados. Aunque las mujeres, los migrantes y los trabajadores racializados ocupan, con razón, un lugar central en el debate debido a su exposición desproporcionada a la explotación, la reorganización colectiva de los cuidados también debe suponer romper con su asociación histórica y estructural con las mujeres. La economía política feminista cuestiona la división patriarcal del trabajo y aboga por una redistribución activa de los cuidados entre los géneros, las generaciones y las instituciones.

La ESS se enfrenta directamente a estas realidades organizando la atención de forma colectiva y democrática. A través de cooperativas de atención o sistemas atípicos, servicios de proximidad como los dedicados al cuidado de los niños, centros de ayuda mutua, comedores colectivos e iniciativas de salud colectiva, la ESS demuestra que la atención puede existir más allá de la explotación del mercado y del control autoritario del Estado. Estas iniciativas funcionan como infraestructuras esenciales de resistencia y autonomía, transformando la dependencia en interdependencia y la vulnerabilidad en responsabilidad compartida.

Para poner en marcha este tipo de estructuras, hay que desarrollar iniciativas colectivas que tengan como objetivo explícito mejorar las condiciones laborales del personal sanitario y fortalecer a las comunidades más desfavorecidas. Es fundamental colaborar de verdad con las mujeres y los trabajadores migrantes del sector asistencial para garantizar que los sistemas de atención respondan a las realidades que se viven y redistribuyan el poder dentro del sector. Al mismo tiempo, las iniciativas de la ESS pueden contribuir a un cambio cultural y estructural al promover el reparto de responsabilidades, fomentar la participación de los hombres y de todas las personas, independientemente de su género, en el trabajo de cuidados y cuestionar las normas económicas, organizativas y culturales que reproducen las divisiones de género en el trabajo. tanto en los hogares como en los centros de atención colectiva.

Por último, desde una perspectiva de economía política feminista, también hay que replantearse las cuestiones relacionadas con el equilibrio entre la vida laboral y la vida privada. La conciliación entre el trabajo y la vida personal debe entenderse como una cuestión de responsabilidad colectiva, relacionada con el trabajo digno, la reducción de la jornada laboral, la redistribución de las tareas de cuidado y el derecho a disponer de tiempo para la vida personal, la comunidad y la participación democrática.

Una economía de los cuidados sostenible depende además de condiciones estructurales más amplias, entre ellas la justicia fiscal y la redistribución. En este sentido, los cuidados emergen como un bien común, basado en la dignidad, la proximidad, la economía feminista y la gobernanza democrática, y como un pilar central de cualquier proyecto social y económico transformador.

Justicia medioambiental y el papel ecológico de la ESS

La crisis climática ya no es un riesgo lejano. Sus efectos en forma de incendios forestales, sequías, pobreza energética, inseguridad alimentaria y colapso de los ecosistemas, se dejan sentir a diario, con mayor impacto en las personas más oprimidas. Aunque las instituciones europeas suelen enmarcar la transición ecológica en términos de «crecimiento verde» e incentivos al sector privado, la lógica extractiva subyacente permanece inalterada.

Estos impactos también revelan lagunas críticas en la preparación y la respuesta colectiva. Las comunidades se enfrentan a una exposición cada vez mayor a catástrofes, incendios, inundaciones, olas de calor, mientras que la capacidad pública de prevención, respuesta y recuperación sigue siendo limitada o está desigualmente distribuida, dejando que los sectores socialmente marginados absorban las consecuencias.

La ESS reconoce que las raíces de la crisis climática son las mismas que socavan la democracia, la igualdad y la solidaridad. Avanzar en la justicia medioambiental significa avanzar al mismo tiempo en la justicia social. Las prácticas de ESS arraigadas en la comunidad -como la agroecología, los proyectos de economía circular, las cooperativas energéticas y las redes de reparación- demuestran que la transición real es posible cuando se basa en la propiedad compartida y la gobernanza democrática.

Estas prácticas son especialmente críticas en el sistema alimentario, donde los agricultores se enfrentan a una creciente precariedad, una disminución de los ingresos y una dependencia cada vez mayor de los mercados volátiles. Reforzar la soberanía alimentaria mediante la agroecología y las estructuras cooperativas es esencial para garantizar tanto la sostenibilidad ecológica como unos medios de vida dignos para quienes producen alimentos.

La ESS debe resistirse a ser utilizada como herramienta para el capitalismo verde competitivo. En lugar de ello, debe hablar como una fuerza transformadora de la justicia climática, recordándonos que superar la crisis climática requerirá imaginación colectiva y cambio sistémico, y que no debe dejarse en manos de la financiarización y las soluciones de mercado.

Como red global, RIPESS tiene un papel clave que desempeñar en la ampliación de estos enfoques más allá de las fronteras nacionales y europeas, creando colaboraciones con movimientos, comunidades y territorios de todas las regiones afectadas por el colapso ecológico, el extractivismo y la injusticia climática.

Autonomía institucional y sostenibilidad: el futuro de la ESS

Para que la Economía Social y Solidaria siga siendo resistente, necesita estructuras de apoyo sólidas que preserven su autonomía. Depender demasiado de la financiación estatal o adaptarse a las presiones del mercado puede debilitar la misión transformadora de la ESS. Especialmente ahora, cuando Europa desvía los recursos hacia la militarización y la seguridad, las iniciativas comunitarias corren el riesgo de perder apoyo y visibilidad pública.

En este contexto, preservar una autonomía frente a lo institucional es inseparable del escalado económico y el poder colectivo. Sin aumentar el volumen económico y la capacidad de circulación de la ESS, la autonomía corre el riesgo de seguir siendo simbólica y no material.

La ESS debe proteger su independencia como acto de resistencia civil. Salvaguardando las infraestructuras de paz, cuidados y cooperación, puede mantener espacios para la solidaridad y la acción democrática, incluso cuando cambian las prioridades públicas.

Esto también requiere un marco teórico fuerte e independiente, capaz de articular la ESS como un proyecto sociopolítico con entidad propia, en lugar de como un sector complementario o un instrumento político dentro de los sistemas económicos dominantes.

Defender la Libertad de Circulación y de Pertenencia: La ESS Contra la Política Antimigratoria

El auge de la retórica antimigratoria y de las políticas excluyentes se ha convertido en un rasgo definitorio del actual clima político en Europa. A menudo se culpa a las y los inmigrantes, refugiados y minorías racializadas de una crisis que no han provocado, haciendo que se enfrenten a controles fronterizos, detenciones y erosión de derechos.

Más allá de la prestación de servicios y de la inclusión económica, la Economía Social y Solidaria desempeña un papel fundamental en cuestionar las narrativas dominantes que presentan a las personas migrantes y refugiadas como extranjeras, amenazas o huéspedes temporales. El hecho de que incluso personas que durante mucho tiempo han sido consideradas «integradas», que han vivido y trabajado en sus comunidades durante años, puedan ver de repente cuestionados sus derechos, su seguridad y su sentido de pertenencia, pone de manifiesto una escalada más amplia del autoritarismo. Nuestra posición no es que los derechos deban depender del trabajo, de la contribución económica o de la aceptación social, sino que la libertad de movimiento, la seguridad y el sentido de pertenencia deben ser defendidos para todas las personas.

Los discursos sistémicos de los medios de comunicación y la retórica política retratan cada vez más la migración a través de las lentes de la invasión, la seguridad y la escasez, ocultando las causas estructurales del desplazamiento y legitimando las políticas excluyentes.

Las iniciativas de ESS pueden contribuir activamente a transformar esta narrativa haciendo visibles las prácticas cotidianas de cooperación, cuidado y vida compartida. Al reconocer a las y los migrantes no como beneficiarios, invasores o víctimas, sino como cocreadores, trabajadores y responsables de la toma de decisiones, la ESS afirma la pertenencia como una condición social y política más que como un estatus legal o étnico. Al hacerlo, la ESS ayuda a replantear la migración como una realidad vivida de interdependencia, contribución y puesta en común, contrarrestando las narrativas basadas en el miedo con prácticas de solidaridad, dignidad y responsabilidad colectiva. en opposant aux récits fondés sur la peur, des pratiques de solidarité, de dignité et de responsabilité collective.

La ESS tiene un papel vital que desempeñar para contrarrestar estas tendencias. Sus prácticas y principios desafían la exclusión creando espacios en los que todo el mundo -independientemente de su origen o estatus- puede participar, trabajar y pertenecer. En toda Europa abundan los ejemplos: cooperativas de cuidados dirigidas por mujeres que ofrecen empleos y servicios, cocinas comunitarias gestionadas por inmigrantes, clínicas solidarias y cooperativas de viviendas que protegen a las familias de la explotación del mercado habitacional.

Gobernar en las Raíces del Cambio: El Papel de la ESS

La Economía Social y Solidaria (ESS) ofrece formas prácticas de diseñar y aplicar políticas sociales democráticas, participativas y enraizadas en la experiencia vivida. En contextos en los que las instituciones públicas pueden parecer distantes, burocráticas o desconectadas de las realidades cotidianas, las iniciativas de ESS pueden ayudar a reconectar la elaboración de políticas con las necesidades de la comunidad mediante prácticas de co-gobierno, apropiación colectiva y rendición de cuentas desde abajo. En lugar de posicionar a la ESS como un socio ejecutor de políticas públicas, su papel también puede entenderse como un espacio para la experimentación y la innovación social, y como un ámbito para profundizar en los procesos democráticos y participativos en los que las comunidades desarrollan soluciones, servicios y formas de solidaridad que responden directamente a las necesidades locales, al tiempo que permiten que se escuchen las voces más silenciadas. Al hacerlo, los actores de la ESS crean vías alternativas para la protección social, la emancipación, el cuidado y la participación económica que pueden inspirar cambios institucionales más amplios.

Cuando las condiciones lo permiten, pueden surgir puentes constructivos con las administraciones públicas. El acceso a marcos públicos de apoyo, como instrumentos de financiación específicos, mecanismos de contratación cooperativa y social, o el uso compartido de infraestructuras y espacios públicos, puede reforzar estas iniciativas y ampliar su impacto. Estas colaboraciones son más significativas cuando respetan la autonomía de los actores comunitarios y permiten el aprendizaje mutuo, en lugar de reproducir relaciones jerárquicas.

En este sentido, la ESS puede contribuir a remodelar la política social permitiendo a las comunidades codiseñar servicios, organizar respuestas colectivas a los retos sociales y abrir nuevos canales de diálogo entre las y los ciudadanos y las instituciones. Experiencias como la contratación cooperativa, los servicios gestionados por la comunidad y las asociaciones ancladas localmente ilustran que la política pública puede evolucionar a través de la responsabilidad compartida y la cooperación negociada, en lugar de a través de una gobernanza puramente vertical.

Esta perspectiva no implica la retirada de las instituciones públicas, ni la alineación incondicional con ellas. Por el contrario, reconoce la ESS como un campo capaz de generar prácticas, alianzas y presiones que pueden transformar gradualmente la propia gobernanza. Cuando surgen oportunidades -a través de gobiernos locales progresistas, procesos participativos o ventanas políticas-, la colaboración puede convertirse en una vía para hacer avanzar formas de política pública más democráticas, redistributivas y socialmente fundamentadas. par le biais de gouvernements locaux progressistes, de processus participatifs ou de fenêtres politiques, la collaboration peut devenir un moyen de faire progresser des formes de politiques publiques plus démocratiques, redistributives et socialement fondées.

Sectores de la ESS: Donde se Produce la Transformación

La Economía Social y Solidaria se convierte en verdaderamente transformadora cuando se centra en sectores clave esenciales para la vida cotidiana: atención sanitaria, alimentación, vivienda, energía, agua y producción local. Estas áreas no son sólo ámbitos económicos; son ámbitos en los que se ejerce el poder, se refuerzan las desigualdades y se determina la distribución de la riqueza.

Cuando la ESS interviene en estos sectores a través de cooperativas, servicios basados en el procomún, mercados solidarios e infraestructuras comunitarias, desafía a los sistemas explotadores en sus raíces. Este trabajo aleja la provisión de los modelos con ánimo de lucro y la orienta hacia la propiedad colectiva, la redistribución justa y una fiscalidad equitativa que sostenga los bienes públicos y comunes. También ayuda a acabar con la división sexual del trabajo, apoya el trabajo digno y convierte la economía en una herramienta para la justicia social.

Anclar la ESS en estos sectores significa apoyar la producción local y el control comunitario sobre los recursos. Esto reduce el daño ecológico y la dependencia de las cadenas de suministro globales basadas en la explotación, construyendo economías organizadas en torno al cuidado, la igualdad y la responsabilidad democrática. Estas prácticas no son sólo soluciones técnicas: son actos políticos que refuerzan la sostenibilidad, la soberanía comunitaria y el bienestar colectivo.

Recuperar los Bienes Comunes y Superar el Crecimiento

Las crisis urgentes a las que nos enfrentamos hoy en día -ecológicas, sociales y democráticas- no pueden resolverse con un modelo económico centrado en el crecimiento, la acumulación y la extracción sin fin. Incluso con nuevas etiquetas como «crecimiento verde», el enfoque dominante sigue anteponiendo el beneficio y la expansión.

La ESS apunta hacia un futuro diferente. En lugar del crecimiento por sí mismo, hace hincapié en las economías construidas en torno al bienestar, el cuidado y los límites ecológicos. Esto concuerda con los movimientos posteriores al crecimiento y la suficiencia, especialmente en el Norte Global, que exigen reducir la producción y el consumo perjudiciales y centrarse en la redistribución, el cuidado y el control democrático.

Al mismo tiempo, la ESS ayuda a revivir los bienes comunes como proyecto moderno, organizando recursos como la tierra, el agua, la vivienda, el cuidado y la infraestructura digital mediante la gobernanza colectiva y la responsabilidad compartida. Recuperar los bienes comunes es una estrategia de futuro para resistir tanto a la explotación del mercado como al rígido control estatal. En tiempos de crisis ecológica y deriva autoritaria, los enfoques basados en el procomún capacitan a las comunidades para gestionar los recursos esenciales, reforzando la democracia y la resiliencia.

Al promover una visión basada en el procomún y postcrecimiento (“post-growth”), la ESS amplía lo que es posible en la Europa actual. Demuestra que el bienestar depende del cuidado, la localización y la gestión colectiva, no de una expansión sin fin. Este enfoque conecta la economía feminista, la justicia medioambiental, la soberanía alimentaria, los cuidados y la democracia como partes interrelacionadas de una transformación compartida.

Comunicación y Narrativa: Construir una Nueva Imaginación Cultural

La ESS debe contar historias que hagan tangible y visible la solidaridad, compartiendo ejemplos claros que contrarresten el miedo y la retórica populista. Es crucial redefinir el «desarrollo» como bienestar social e igualdad, y no sólo como crecimiento económico. Pero la comunicación va más allá: se trata de desafiar el «sentido común» del neoliberalismo, que trata los mercados como algo natural y el cuidado como una responsabilidad privada.

Al mismo tiempo, la ESS debe enfrentarse a un riesgo clave: todavía se percibe a menudo como un proyecto de clase media (al menos en Europa), desconectado de las y los trabajadores, de los empleos mal pagados y de las realidades cotidianas de la clase trabajadora. Fortalecer el movimiento requiere nombrar y abordar explícitamente esta brecha, no hablando de la pobreza desde arriba, sino relatando las experiencias y luchas de la clase trabajadora que, de hecho, afectan a muchos de los propios actores de la ESS. Al compartir formas alternativas de pensar y organizarse, la ESS deja claro que ya se están construyendo otros mundos, a través de sistemas alimentarios comunitarios, proyectos de cuidados feministas, cooperativas dirigidas por migrantes y bienes comunes ecológicos. No se trata de experimentos marginales, sino de pruebas vivas de que la solidaridad y la responsabilidad colectiva funcionan en la práctica.

En partageant d’autres façons de penser et de s’organiser, l’ESS montre clairement que d’autres mondes sont déjà en train de se construire, à travers des systèmes alimentaires communautaires, des projets de soins féministes, des coopératives dirigées par des migrants et des biens communs écologiques. Il ne s’agit pas d’expériences marginales, mais de la preuve vivante que la solidarité et la responsabilité collective fonctionnent dans la pratique.

Estas historias deben construirse a partir de la práctica vivida. En lugar de un discurso abstracto o excesivamente intelectual, el trabajo narrativo debe partir de experiencias, contradicciones y límites reales, reconociendo que los actores de la ESS no siempre son coherentes en la práctica, al tiempo que se mantienen fieles a un horizonte ético compartido de coherencia y transformación. en reconnaissant que les acteurs de l’ESS ne sont pas toujours cohérents dans la pratique, tout en restant fidèles à un horizon éthique partagé de cohérence et de transformation.

Incorporar estas narrativas a la cultura pública ayuda a la ESS a reclamar la imaginación como espacio para la esperanza y el cambio.

Este proceso debe ser colectivo y relacional: historias co-creadas brazo a brazo con profesionales, trabajadores, miembros de la comunidad, jóvenes y artistas, en lugar de habladas en su nombre. Las asociaciones culturales juveniles, las y los artistas de base y los medios de comunicación comunitarios pueden desempeñar un papel clave a la hora de traducir los valores de la ESS en expresiones culturales accesibles, emotivas y con fundamento político.

Alianzas Estratégicas: Construir un Nuevo Bloque Social

La Economía Social y Solidaria no puede crear un cambio sistémico por sí sola. La verdadera transformación depende de la construcción de alianzas sólidas entre distintos movimientos: justicia climática, feminismo, bienes comunes, derechos laborales, soberanía alimentaria, democracia y descolonización. El reto consiste en ir más allá de la cooperación a corto plazo y, en su lugar, tejer relaciones duraderas que puedan enfrentarse juntos al autoritarismo, al neoliberalismo y al colapso ecológico.

Esto significa entablar diálogos y acciones conjuntas tanto dentro como fuera de las instituciones, y trabajar para crear plataformas unificadas de lucha colectiva. Dentro de estas alianzas, también es vital nutrir nuestros propios movimientos fomentando la responsabilidad y el cuidado, abordando las opresiones internas como el patriarcado y el racismo, y dando cabida a todas las identidades y experiencias.

Dotar de recursos a estas convergencias requiere nuevas estrategias -como modelos financieros controlados por la comunidad, bancos cooperativos, fondos dirigidos por pueblos indígenas y monedas solidarias- que proporcionen el apoyo legal, técnico y financiero necesario para la autonomía. Las alianzas también deben ir más allá de las fronteras tradicionales, especialmente reforzando los lazos con los movimientos de trabajadores y los sindicatos. Conectar la ESS y los movimientos obreros es esencial para abordar la desigualdad, los derechos laborales y la solidaridad rural-urbana, y para anclar la ESS dentro de un bloque más amplio para el cambio sistémico.

 

Mayo de 2026

RIPESS Europa | Marco estratégico 2026
Elaborado y publicado por el Círculo de Estrategia de RIPESS Europa
Edición y coordinación: Georgia Bekridaki, Dock | Social Solidarity Economy Zone (Grecia), Comité de Coordinación de RIPESS
Diseño gráfico de Sofia Melissourgou, Dock | Social Solidarity Economy Zone